
Investigadores del Hospital General de Massachusetts (EE UU) han descubierto un patrón de onda cerebral que predice la capacidad de una persona para dormir a pesar del ruido exterior. Este descubrimiento, publicado en Current Biology, podría dar lugar a nuevas estrategias para evitar las molestias del ruido desde el cerebro, que sustituirían a los tradicionales tapones para los oídos.
Jeffrey Ellenbogen, jefe de la división de la medicina del sueño del Hospital General de Massachusetts, y sus colegas realizaron un experimento con doce voluntarios durante tres noches consecutivas. Durante la primera noche, los individuos pasaron la noche en total calma, pero en las noches siguientes, se les sometió a distintos ruidos, como el ruido de aviones, automóviles transitando por la calle, un teléfono sonando, etc. Durante este tiempo, los voluntarios eran sometidos a electroencefalografías (EEG) que registraban la actividad cerebral,y que permitieron identificar “ejes” o “husos” del sueño, un tipo de onda cerebral que parece bloquear cualquier información sensorial captada por el cerebro mientras dormimos, incluidos los sonidos. Quienes registraron mayor número de husos del sueño, tenían más posibilidades de permanecer dormidos durante la segunda y tercera noche a pesar del estruendo exterior.

Se denomina así a cualquier comportamiento sexual que se produce estando dormido. Pese a que no hay estadísticas, existen algunos casos documentados. En 2004, el médico australiano Peter Buchanan relató el episodio de una paciente que, aunque tenía pareja estable, se iba de casa sonámbula y mantenía relaciones con extraños. Y en 2005 salió en la prensa el caso de un hombre que fue procesado por violar a la mujer con la que dormía. Su defensa alegó que padecía trastornos del sueño y sonambulismo agudo, y la sentencia contempló la sexomnia como atenuante.
A veces, los compañeros de cama de los sexomnes optan por dormir separados para no ser molestados, aunque algunos han confesado que el sexo con su pareja dormida es mejor que cuando está despierta. En todo caso, se empieza a considerar un trastorno serio entre cuyas causas se barajan la epilepsia y el consumo de drogas y alcohol.

Beber jugo de cerezas cada día podría ayudar a combatir el insomnio, según demostraron hace poco investigadores estadounidenses de las universidades de Pennsylvania y Rochester.
Los científicos sospechan que los beneficios de las cerezas naturales podrían deberse en parte a su alto contenido de melatonina, un antioxidante natural en las cerezas con la capacidad establecida para ayudar a moderar ciclo sueño-vigilia del cuerpo. Producida naturalmente por el cuerpo en pequeñas cantidades, la melatonina desempeña un papel en la inducción de sueño durante la noche.
Por otra parte, las cerezas contienen también serotonina, que tendría un efecto positivo sobre el estado de ánimo durante la vigilia.

Estos episodios de somnolencia, cuya duración puede variar entre unos cuantos minutos y unas pocas horas, suelen producirse cuando decae nuestro grado de alerta. Esto es lo que sucede en esencia durante la llamada hora de la siesta.
Sin embargo, si los cabeceos ocurren en momentos en los que los niveles de actividad y atención deberían ser mayores, como dos horas después de levantarnos de la cama, suelen ser indicativos de algún trastorno. En este caso, el fenómeno puede estar relacionado con una perturbación del sueño, como sucede en la narcolepsia, que provoca ganas de dormir durante el día, y la somnolencia crónica, microsueños que causan el 24% de los accidentes mortales en autopista.

Un equipo de biólogos estadounidenses ha logrado aislar genes que regulan el conflicto sueño-hambre. El hallazgo, que aparece publicado en el último número de Current Biology, arroja luz sobre cómo escoge el cerebro entre distintas conductas claves para la supervivencia.
Estudios anteriores mostraban que los sistemas neuronales que controlan el sueño y la alimentación en los mamíferos están interconectados, de modo que la falta de sueño hace que tengamos ganas de comer y el hambre quita las ganas de dormir. Sin embargo, se sabía poco sobre los genes y bases neuronales de esta interacción.
Para encontrar una explicación, investigadores de la Universidad de Nueva York y de la Universidad de Massachusetts examinaron a la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, que cuenta con genes similares a los de los mamíferos para controlar el sueño, la vigilia y el metabolismo. En primer lugar, los científicos determinaron que en las moscas la privación de alimento les producía insomnio, lo que significa que la falta de comida afecta sus conductas de sueño del mismo modo en que lo hace sobre el sueño de los mamíferos.
Tras realizar un ’screening’ inicial de 2,000 genes, identificaron cerca de 12 genes implicados en la interacción entre alimentación y sueño. Entre esta docena de genes, eligieron dos -Clock (Clk) y cycle (cyc)- que juegan un papel en la regulación del reloj biológico de las moscas de la fruta y que están también presentes en los mamíferos. Examinando a moscas de la fruta con y sin los genes Clk y cyc en condiciones de privación de alimento, demostraron que las moscas hambrientas que no tenían ambos genes dormían tres o cuatro veces menos, en comparación con aquellas que sí poseían estos genes. Así, los resultados demostraron que los genes ayudaban a conciliar el sueño en condiciones de privación de la alimentación.
“Sabemos que el cerebro está conectado para realizar más de dos acciones a la vez, pero era menos evidente el rol que los diferentes genes jugaban en estas acciones”, ha explicado Alex Keene, autor principal del estudio.

Un reciente estudio estadounidense revela que, después de dormir una media de 7,7 horas, vemos los colores que nos rodean tal como son. Sin embargo, a medida que avanza el día y aumentan las horas de vigilia, nuestra percepción de los colores cambia, y percibimos el gris neutro como ligeramente verdoso o ligeramente rosado, en función de la persona y su estado de ánimo.
“Pasar horas despiertos nos hace clasificar progresivamente colores neutros como si tuvieran un tono de color, mientras que dormir nos devuelve a la neutralidad en las percepciones”, explica Bhavin Sheth, investigador de la Universidad de Houston en Texas, que ha presentado sus conclusiones en la conferencia SLEEP 2010, que celebra cada año la Asociación Americana de Medicina del Sueño.

Según un estudio realizado hace unos años por Allison Harvey y Suzanna Payne, de la Universidad de Oxford, y publicado en la revista Behavior Research and Therapy, el antiguo remedio de contar ovejas no nos ayuda a conciliar el sueño. Para demostrarlo realizaron un experimento con 50 personas, divididas en 3 grupos, de los cuales el primero contó ovejas para intentar dormir, el segundo imaginó escenas relajantes (el campo en primavera, el cielo, una playa paradisiaca…), y el tercero podía escoger por sí mismo el método para combatir el insomnio.
Los resultados mostraron sin lugar a dudas que el grupo que visualizaba imágenes que le resultaban relajantes se dormía por término medio 20 minutos que el resto.

A la hora de echarse una siesta, los delfines tienen varias alternativas. Con frecuencia se les ve en parejas para turnarse en el sueño, de modo que un delfín duerme dejándose llevar por la estela el otro, que lo mantiene en movimiento y alerta ante cualquier peligro.
Pero sin duda lo más sorprendente en estos mamíferos marinos es su capacidad para dejar dormido medio cerebro y permanecer despierto con el hemisferio opuesto, que se encarga de ejercer el control sobre las funciones vitales, especialmente la respiración. Durante estos periodos de sueño “unihemisférico”, los delfines ralentizan su metabolismo y se quedan prácticamente inmóviles. La mitad del cerebro que permanece activa durante el sueño puede mantener el rumbo del delfín y evitar que viaje a la deriva.

El fabricante japonés Tanita ha desarrollado un escáner que se coloca debajo del colchón para medir los movimientos del cuerpo, la respiración y el pulso de los usuarios mientras duermen, y valorar así la calidad del sueño.
El dispositivo, llamado Sleep Scan, pesa 1.3 kilogramos y almacena la información recogida mientras dormimos en una tarjeta SD de 2 gigabytes que lleva incorporada. Posteriormente, por medio del software que acompaña al equipo, la información se puede analizar gráficamente.
Aproximadamente una de cada cinco personas sufre algún tipo de trastorno del sueño, cuyo origen resulta difícil precisar. Tanita espera que su invento ayude a hacer un diagnóstico exacto de cómo duerme cada individuo. Sleep Scan saldrá a la venta el próximo mes de mayo, de momento sólo en Japón, y su precio rondará los 400 dólares.

Normalmente el cuerpo regula su contenido en agua equilibrando la ingesta de líquidos (a través de la sed) y su eliminación (mediante la producción de orina). Cuando la cantidad de agua en sangre es baja, por ejemplo tras un exceso de sudoración o por pérdida de sangre debido a una hemorragia, el centro de la sed se estimula. Y hasta que el equilibrio se restablece, unas células llamadas osmosensoriales ordenan la liberación por el hipotálamo de vasopresina, una hormona antidiurética que da orden al cuerpo de retener todo el líquido posible.
Investigadores del Centro de Salud de la Universidad McGill en Quebec (Canadá) han comprobado que, durante el sueño nocturno, nuestro reloj interno, situado en una estructura del cerebro conocida como núcleo supraquiasmático, induce un aumento considerable los niveles de vasopresina. Esto hace que retengamos suficiente agua e impide que nos deshidratemos en el tiempo de descanso sin necesidad de beber, según publican en la revista Nature.