Sin duda alguna, los cantos gregorianos fueron la música sacra más importante durante el Medievo, y monjes y religiosos componían aquellas notas para hacer más solemne la liturgia. Sin embargo, las melodías con las que el pueblo realmente disfrutaba eran las profanas, las entonadas por los trovadores y, siglos más tarde, por los troveros. Los primeros eran poetas y músicos que interpretaban sus cantos en las cortes europeas hacia el siglo XI. Firmaron más de 275 canciones de distinto tipo: cansó (dedicada al amor), sirventés (el trovador canta al noble que le mantiene) y canción del alma laís (el amante se despide de su amor). Los troveros tomaron el relevo en el siglo XII, pero con un público vinculado a la burguesía. Legaron un repertorio de 275 melodías de distinta temática como el laís (queja amorosa) o la canción de mal casada (una mujer desposada con un hombre mayor protesta de su marido).
Los científicos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN han desarrollado una forma de convertir el choque de partículas subatómicas en sonido. Con este método esperan que resulte más fácil detectar el elusivo e hipotético bosón de Higgs, también conocido como partícula de Dios. La doctora Lily Asquith, que ha participado en el proyecto, trabajó con ingenieros de sonido para convertir los datos que generan las colisiones en sonidos, un proceso que recibe el nombre de sonificación. “Si la energía está cerca de ti escucharán un tono bajo y si está lejos de ti escucharás un tono alto” aclara.
En concreto la medición del sonido se llevó a cabo en el experimento Atlas. Dentro de éste hay un calorímetro, que se utiliza para medir la energía y está compuesto de siete capas concéntricas. Cada capa está representada por una nota y el tono de cada una de éstas difiere según la cantidad de energía que se deposita en esa capa.
“Cuando escuchas lo que hacen las sonificaciones realmente están escuchando los datos científicos. Son auténticas, y te están diciendo algo sobre los datos que no podrías saber de otra forma” afirma Archer Endrich, ingeniero de software que trabaja en el proyecto.
El objetivo es proporcionar a los físicos del LHC otra forma de analizar sus datos. El equipo encargado de la sonificación cree que los oidos están mejor adaptados que los ojos para detectar los cambios sutiles que podrían indicar la presencia de una nueva partícula.
Richard Dobson, compositor que también está involucrado en el proyecto, afirma estar sorprendido por la musicalidad del sonido de las colisiones. “Parecen contar una historia. Sin muy dinámicas y cambian todo el tiempo, y suenan como la música que escuchamos en las composiciones contemporáneas”, agrega.
El 99% de la población se ha sentido en algún momento “infectada” por una canción que no puede quitarse de la cabeza. Andréane McNally-Gagnon y Silvie Hébert, de la Universidad de Montreal (Canadá), han decidido estudiar el fenómeno en profundidad.
En sus experimentos, pidieron a internautas francoparlantes que puntuaran 100 canciones pop según su capacidad para hacerse pegadizas. El primer puesto fue para Ça fait rire les oiseaux, de La Compagnie Créole, seguida de I Will Survive (Gloria Gaynor), Don’t Worry, Be Happy (Bobby McFerrin), Live Is Life (Opus) y Singing in the Rain (Gene Kelly).
Tras elaborar el ranking, las investigadoras invitaron a 18 profesionales de la música y a 18 sujetos corrientes a que tararearan y grabaran sus canciones “obsesivas” y anotaran su estado mental antes y después. Y observaron que la respuesta era diferente: la canción pegadiza (earworm o “gusano del oído” en inglés) se mantenía durante más tiempo en la cabeza de los músicos.
El fenómeno, concluyen, sucede principalmente cuando sujetos tienen un estado emocional positivo y se mantienen ocupados con actividades no intelectuales como caminar, que requiere poca concentración. “Quizás es un mecanismo para impedir que nuestra cabeza ‘rumie’ otros pensamientos o que cambie nuestro ánimo”, explican.
La importancia del Heavy Metal en la historia de la música será analizada por primera vez en la ciudad de Salzburgo, Austria, lugar de nacimiento de Mozart. Para desmayo de los puristas, el evento contará con la presencia de académicos de Gran Bretaña, Canadá, Indonesia y Turquía, que presentarán ponencias donde se analiza la estética, cultura y afinidades políticas de este género, con títulos como “Problema ético del Heavy Metal” o “Control de la ira y la expresión de intensidad y autenticidad del Heavy Metal posmoderno”, además de efectuar estudios comparativos ‘empíricos’ sobre bandas como Led Zeppelin o Black Sabbath. Uno de los organizadores Niall Scott, doctor en ética de la Universidad Central de Lancashire, Reino Unido, declaró que se busca estudiar la influencia y aportación a la cultura occidental de esta música. Se calcula que existen al menos 120 catedráticos en el mundo que realizan investigaciones serias sobre el tema.
Este es el Robot Flautista Waseda, de Jorge Solis, investigador de la Universidad Waseda, Japón. Aunque data de la década de 1990 este aparato ha mejorado sus habilidades; actualmente cuenta con un software de reconocimiento que le permite observar –gracias las cámaras CCD en sus ojos– el movimiento de las manos de flautistas humanos al momento de tocar y memorizar la velocidad de estas para mejorar su técnica. Incluso el propio robot puede enseñarle a principiantes a tocar este instrumento y ayudar a practicar a otros estudiantes. En el video se pueden apreciar sus ‘pulmones’, que se accionan como un acordeón. También tiene ‘labios’ de plástico que le permiten regular el flujo del aire. El robot ha dado varios conciertos, y se espera que eventualmente se integre a una banda con miembros humanos.
Hay canciones en idioma inglés que de acuerdo a su género usan ciertas palabras con más frecuencia que otras. La página Fleshmap.com hizo un análisis detallado de 10,000 canciones y encontraron el número de veces que las partes del cuerpo humano son mencionadas en las letras. De acuerdo a sus datos, en la música electrónica, heavy metal, jazz, rock, R&B y ‘alternativo’, el órgano humano más mencionado es el ojo; en blues y gospel las manos. En Hip Hop… La página aquí.