Para ahuyentar el mal de ojo los romanos colocaban en la entrada de los hogares estas tintinnabula, unas campanillas con aspecto fálico. El órgano masculino era considerado un talismán de fertilidad y prosperidad, y servía además para alejar los malos espíritus. El ruido emitido por una campanilla también se consideraba un poderoso hechizo que atraía el favor de los buenos dioses. Por eso, la combinación de ambos objetos convertía el tintinnabulum en un guardián muy deseado, que también solía colgarse del cuello de algunos bebés.
Muchas de estas campanillas aparecieron entre los vestigios de Pompeya, pero su connotación sexual llevó a que, durante años, hayan estado recluidas en el llamado “gabinete secreto” del Museo de Nápoles, al que sólo se accedía con permisos especiales.
Está muy extendida la idea de que el alcohol nos hace ver a todo el mundo más atractivo de lo que es. En 2003, científicos de la Universidad de Glasgow trataron de comprobar qué hay de cierto en ese efecto que los anglosajones llaman beer goggles –algo así como los lentes de la cerveza–. Abordaron en los pubs a personas con unas copas de más y les pidieron que evaluaran la belleza de varias personas retratadas en unas fotos. El resultado fue demoledor: todas ellas las encontraban más guapas que otros encuestados que no habían empinado el codo.
Pero, ¿era realmente el alcohol la causa de ese estado de embelesamiento o es que simplemente los bebedores habituales son más benévolos a la hora de juzgar la hermosura humana? Un equipo de la Universidad de Bristol confirmó en otro estudio la verdad inapelable: el efecto del alcohol embellece a todos, sea cual sea su sexo.
El primero de estos artefactos del que se tiene noticia –tal como los conocemos hoy– fue colocado por el anarquista Mario Buda en Nueva York el 16 de septiembre de 1920. En realidad, se trataba de un carro bomba que, según el historiador Paul Avrich, este italiano pudo situar en las proximidades de Wall Street para vengar el arresto de sus camaradas Bartolomeo Vanzetti y Nicola Sacco.
El dispositivo, formado por 45 kilos de dinamita y 230 de metralla, hizo explosión a mediodía y mató a 38 personas e hirió a casi 400. Es posible que Buda se inspirase en un atentado fallido que tuvo como objetivo a Napoleón Bonaparte en el año 1800. En aquella ocasión, los atacantes utilizaron un barril explosivo camuflado también en un carro.
Se bautizaban las tierras recién descubiertas por razones peregrinas, subjetivas y, a menudo, ridículas. Cuando los españoles llegaron al Golfo de México, los habitantes indígenas gritaron “texas, texas”, que en realidad quería decir “bienvenidos”. Y con Texas se quedó. También desembarcaron los conquistadores en la península sur de México, donde preguntaron a los lugareños cómo se llamaba aquel sitio, a lo que los indios respondieron: “yucatán”, que en maya quería decir “no entiendo”. Y Yucatán se llamó. Imaginación no les faltaba a aquellos descubridores que, según un acuerdo no escrito, eran los que decidían el nombre de la tierra descubierta. La máxima era: quien llega primero, bautiza la tierra.
Aunque lo hicieron la mayor parte de exploradores y marinos, fue sobre todo Colón quien más puso en práctica esta medida, ya que nombró cada pequeño fragmento de tierra que encontró en su camino. El flamante descubridor de América bautizó más de 700 islas y no olvidó hacerle honor a quienes habían financiado su expedición, los Reyes Católicos.
De ahí las islas Fernandina, Isabelina o La Española. Sin embargo, eran tantas las nuevas tierras, que la imaginación se agotaba y los descubridores tenían que recurrir a repeticiones de lugares europeos. Así, pasaron a bautizarse lugares como Nueva Granada (región de Colombia) o Venezuela, la pequeña Venecia.
Otorgados por primera vez el 10 de diciembre de 1901, los Premios Nobel se quedaron desiertos en seis ocasiones: 1916, 1931, 1934, 1940, 1941 y 1942.
El Premio Nobel más joven hasta la fecha ha sido el físico Lawrence Bragg, que tenía 25 años cuando recibió, junto a su padre, el galardón por la investigación de los fenómenos de refracción y difracción de los rayos X.
El laureado de más edad fue Leonid Hurwicz, que ya había cumplido los 90 años cuando le concedieron en 2007 el Premio Nobel de Economía.
Sólo 38 Premios Nobel hasta ahora han sido mujeres, frente a 761 hombres.
La familia Curie es la que más galardones ha acumulado en la historia de estos premios. Dos Nobel fueron a parar a manos de Marie Curie, uno de ellos compartido con su marido Pierre Curie. Y la hija del matrimonio, Irène Joliot-Curie, recibió junto a su marido Frédéric Joliot el Premio Nobel de Química en 1935 por sus trabajos en la síntesis de nuevos elementos radiactivos.
Adolfo Hitler obligó a tres premios Nobel a rechazar el galardón. El primero fue Richard Kuhn (1938), Premio Nobel de Química. Al año siguiente hizo lo mismo con Gerhard Domagk (Fisiología y Medicina) y Adolf Butenandt (Química).
En la Edad Media, la astrología y la medicina estaban vinculadas, y se creía que el microcosmos del cuerpo se correspondía con el macrocosmos de los astros. Según este sistema, llamado zodiaco médico, cada planeta domina una parte del organismo: Marte, la cabeza; Saturno, el pecho; Júpiter, el abdomen y Venus, los pies.
La supuesta relación entre la salud y los planetas va cambiando cuando estos se mueven por las doce casas zodiacales, según un modelo muy complejo que sólo un experto podía interpretar. Así, en Tauro, Venus afecta a la cabeza, mientras que en Cáncer su influencia se desplaza a los brazos.
La información del zodiaco médico se empleaba para prescribir tratamientos y predecir el curso de las enfermedades. Según la obra del siglo XV Fasciculus Medicinae de Johannes de Ketham, “cuando la Luna está en Tauro es bueno hacer sangrías (…) pero es malo tratar el cuello, los ojos y las uñas”. En el mismo escrito se explica que una zona no debe medicarse cuando domina el signo que le corresponde: si alguien trata de curar su cabeza en marzo, “sufrirá una conmoción o morirá”.
La entrada en el mercado editorial de los primeros libros de bolsillo, los Penguin Books ingleses, tuvo lugar el 30 de julio de 1935, y supuso el inicio de la puesta a disposición del público masivo de las obras clásicas y modernas más importantes del momento, contribuyendo a la democratización de la lectura. El lanzamiento de la primera colección fue todo un éxito: tres millones de libros vendidos en el primer año de vida del nuevo sello editorial. A la vista de los resultados, en 1939 el libro de bolsillo entra en el mercado estadounidense con el lanzamiento de Pocket Books. Y tras la segunda guerra mundial, surgían nuevas colecciones en países europeos como Francia y España.
Según lo describe Rosa Melendo, “uno de los pilares básicos del libro de bolsillo es ser más accesible, económicamente hablando; sin embargo, se trata de algo más que lectura a buen precio. Por otro lado, en el pequeño libro de bolsillo cabe de todo, o casi de todo; se le resisten, lógicamente, las obras muy ilustradas. Podría hablarse, entonces, de libros baratos, pequeños y sobre cualquier tema”.
El trece es un número al que se le otorga mala suerte desde la antigüedad. Trece eran los comensales en la Última Cena de Jesucristo, en la Cábala judía se enumeran 13 espíritus malignos, en el Apocalipsis el anticristo llega en el capítulo 13, y en el Tarot este número hace referencia a la muerte. Pero ¿por qué martes? Porque es el día de la semana dedicado a Marte, el dios romano de la guerra, la sangre y la violencia, que también dio nombre a nuestro vecino planeta rojo.
Así, desde tiempos medievales, en España y Grecia, y también en Latinoamérica, se considera que la coincidencia del día del dios de la guerra y la muerte con el número de la muerte traen “mala suerte”. Una superstición popular que también recoge el refranero español: “En trece y martes, ni te cases ni te embarques”
El 70% de la Tierra está cubierto de agua. Sin embargo sólo un 3% es agua dulce, y la mayoría de ese agua dulce (2%) está congelada.
En un período de 100 años, una molécula de agua pasa 98 años en el océano, 20 meses en forma de hielo, 2 semanas en lagos y ríos y menos de una semana en la atmósfera.
Las gotas de lluvia no tienen forma de lágrima. Usando cámaras de alta velocidad los científicos han comprobado que más bien tienen forma aplastada, de esferoide.
El agua supone el 55% del peso de un humano adulto. Y necesitamos ingerir en torno a dos litros de agua al día.
Una persona puede sobrevivir un mes sin alimentarse, pero sólo siete días como máximo sin beber agua.
La mayoría del agua que consumimos a diario procede de los alimentos. El 95% de un tomate es agua. También tienen un alto contenido de agua las manzanas (85%), las espinacas (91%) o las papas (80%).
Hace tan sólo unas semanas, ingenieros de la Universidad de Florida crearon una superficie plana que no se humedece, sino que las gotas de agua ruedan sobre ella. Para lograrlo lo que hicieron fue reproducir en plástico la forma y los patrones de diminutos pelos que crecen en los cuerpos de las arañas, que están diseñados para que permanezcan siempre secas.
Se necesitan 450 litros de agua para producir un huevo de gallina, 7,000 litros para refinar un barril de petróleo crudo y 148,000 litros para fabricar un automóvil.
En la Universidad de Tokio han desarrollado un material llamado agua elástica a partir de una mezcla de dos gramos de arcilla, materia orgánica y agua natural. Es ideal para fabricar medicamentos y para reparar tejidos.
La urticaria acuagénica es una forma muy rara de reacción alérgica al agua. Apenas hay unos treinta casos en la literatura médica y se cree que es debida a la presencia en la piel de un antígeno –sustancia que activa el sistema inmune– hidrosoluble. En contacto con el agua, el antígeno se disuelve, atraviesa la piel y hace que las células de defensa liberen histamina. Esta provoca la aparición de ronchas, picor y otros síntomas alérgicos.
Es interesante cuando desarrollas tus habilidades en programación y neumática para aplicarlas en algo útil…sin embargo, este despertador, el más grande del mundo según se dice, no parece ser muy amigable, ya no digamos rentable.